Se acabó la farsa
El campeonato liguero ha acabado antes de la cuenta, ni la inversión de 300 millones ni el efecto Mourinho le han bastado al Madrid para ganar una competición patrimonio del Barcelona desde que desembarcase Guardiola hace ya tres años en Can Barça, hablamos de un equipo sublime, te puede ganar por aplastamiento o por la mínima, pero con un modelo innegociable, el fútbol de asociación. Se acabó la farsa de competición que nos hacen tragar con cucharón, un equipo está por encima del resto, el otro amaga por competir (sin éxito) y el resto bastante tienen con acabar a menos de 30 puntos del líder, empresa complicada, muy complicada.
¿La mejor liga del mundo? No me hagan reír, por favor. A día de hoy la única emoción consiste en acertar en qué jornada se consumará el título, qué equipos jugarán UEFA y qué tres bajarán, pare de contar. Las matemáticas nos invitan a pensar que la Liga no se ha terminado, quedan 24 puntos en juego y eso indica que hasta el Atlético de Madrid puede jugar Champions (se pueden reír, yo lo haría), sin embargo, los números cantan. Los culés han conseguido 81 puntos de 90 en juego, ¿qué hace pensar que pierdan la misma cantidad en la cuarta parte de partidos? Eso, además de contar con una reacción rival perfecta, ocho de ocho. Lo dicho, se acabó lo que se daba, que en este caso, era nada.
Obviamente, podrán pedir suprimir el partido de los sábados en abierto para ganar más dinero, eso salvará la competición (como todo el mundo sabe), permitirá que todo el mundo se ponga al corriente de pago y seremos la envidia de Europa. Qué coño Europa, ¡del mundo!
Ay qué penita. Menos mal que aún queda la Copa y la Champions, competiciones en las que la regularidad no influye y todo puede ser, no obstante, si estos dos se lo proponen y los cuadros les son favorables -evitando cruces en primeras rondas- jugarán la final de Copa per secula seculorum. La Champions es otra cosa. Ya saben aquello, ¡villarato, villarato!
P.S: Recuerdo aquella cantinela vikinga que nos llamaba pequeños por comprar camisetas del ídolo ausente, llevar la camiseta de Fernando Torres con el ‘9’ del Liverpool (o del Chelsea ahora) nos impedía crecer, nos hacía unos acomplejados. Esta regla, por supuesto, no se aplica en camisetas azules de la Bundesliga con el ‘7’ a la espalda, muy populares últimamente. Lo dicho, un ejercicio sanísimo de cinismo.

