La ex-comatosa afición del atleti
A día de hoy, después de años y años de proyectos deportivos ruinosos, de un sinfín de jugadores mediocres que han vestido la rojiblanca, de un desfile continuo de entrenadores y directores técnicos, de la falta de un patrón de juego definido.. porque no se sabe a qué narices jugamos. Después de todo esto y alguna cosa más tipo venta de estadio, venta de emblemas futbolísticos, etc… nos hemos cansado.
Bueno, en realidad nos cansamos todos los años. La archiconocida pancarta del “otro año, otro timo” forma parte del clásico de Abril-Mayo, sacándola excepto el año pasado. Una campaña que por otra parte, tampoco fue un éxito rotundo como nos quisieron vender, fue cumplir el objetivo de principio de temporada, sin más alardes.
Ayer, las protestas dentro del estadio eran palpables. Los gritos de “esta camiseta no la merecéis”, “jugadores mercenarios” y otras lindezas fueron la tónica dominante. También se le hizo una burla excesiva a un Mariano Pernía que sí, es muy malo, pero él no tiene la culpa de vestir la rojiblanca y cobrar por ello (muy bien, por cierto). No, no tiene la culpa, esa responsabilidad habrá que pedírsela a otro/s que se sienta/n (o no) en el palco. Sin embargo, las coñas con Mariano llevan produciéndose todo el año, o al menos cuando he ido al campo (pues ya sabéis que no estoy abonado).
Cánticos como “mariaaaaano, mariaaaaaano”, ya se oían en Invierno. En la grada, muchos gritaban “¡dásela a mariano!” y otras hierbas. ¿Cachondeo? ¿Gracias contra la resignación? ¿Ganas de protestar de forma cómica? Juzgar vosotros mismos.
En cuanto a la afición, a mí me recuerda y sé que no tiene mucho que ver ni quizá venga a cuento, a la película “Mientras dormías” (o “While you were sleeping” para Jugger). En ella un hombre apuesto y con dinero (podríamos ser nosotros, la afición) es asaltado en pleno Metro por dos chavales (Gil y Cerezo) y arrojado a las vías, de tal forma que es salvado por una taquillera que estaba enamorada de ese hombrecillo. A partir de ese momento, una cadena de situaciones absurdas desemboca en el engaño al hombre, haciéndole creer que esa taquillera es su prometida.

¿Rebuscado? Puede, pero me ha venido a la mente. El resto de la película no tiene nada que ver, obviar la historia de amor. Nosotros nos hemos visto en “coma”, cuando hemos despertado se nos ha vendido incesantemente la imagen del Atlético como un club “perdedor”, un club al que la grandeza se la guardaron en un cajón, en definitiva, nuestra taquillera particular nada tiene que ver con Sandra Bullock (una mujer atractiva, aunque para gustos…), la nuestra podría ser perfectamente Margarita Seisdedos.
La afición puede ser tonta (este menda el primero), pero no somos gilipollas. Ya hemos salido de este coma inducido, la situación se ha estabilizado y para nada queremos a Margarita, no participamos de un engaño que ya roza lo cómico, queremos volver a nuestra vida anterior, una vida mucho mejor. Una vida en la que jamás volveremos al Metro, no vaya a ser que nos asalten de nuevo dos delincuentes de poca monta que bastante daño han causado.
