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Niños

El Atlético de Madrid se ha llenado de eso, de niños, o mejor.. niñatos. Precisamente, el (niño) bueno se marchó para crecer en Anfield a espaldas de sus seres queridos, él siempre se vació dejando todo en el campo, hoy hablamos de un hombre hecho y derecho que protagoniza batallas de mayor enjundia.

Aquí, ese esfuerzo se racanea, nadie pone un gramo de interés, de disposición a ganar, de “testiculina”… son como esos niños vagos, consentidos, que tienen todo el apoyo de sus padres (nosotros) porque sabemos que el niño se ha portado mal, pero… “¡me mira con unos ojos que cómo no le voy a perdonar!”. Toma una mini-cadena nueva, o un MP4 o lo que se despache ahora, que no lo sé muy bien.

Así nos luce el pelo, malcriando año tras año a nuestros retoños, para colmo los profesores de la universidad (Calam y Cherrytree) a la que van les ríen las gracias, a ellos les da igual, porque “con tal de que el tonto’l haba del padre pague los 1200€ de matrícula anuales, a mí plin”. Vale, ahora después de 13 años nos hemos dado cuenta que nuestro hijo sigue en la universidad, ha cambiado de carrera 3 veces, seguimos pagando, él sigue sin esforzarse, le hemos comprado coche, la Play3, pagamos sus vacaciones, los caprichos y… el muy **** dice que trabajes tú, que él no está por la labor. A ti ya te duelen los riñones de aguantar tantos y tantos años.


Creo que ha llegado un momento de hacer algo, no se puede seguir manteniendo más tiempo una situación que se terminará desbordando, porque mañana habrá una excusa, pasado otra y se repetirá la neverending story… y no hablamos de la película de mediados de los 80. Ni nosotros somos Bastian, ese pequeño soñador. Aunque ahora que lo pienso, quizá sí tengamos que ver en todo esto, cada verano nos cuentan la misma patraña, soñamos que haremos una gran campaña y al final nada… todo es un mundo de FANTASÍA, the neverending story que comenzó casi a la vez que la película, en 1987 con el alzamiento de Gil y Gil como cacique rojiblanco. Ese día empezó a morir el Aleti, en 1992 se llevó una cornada grave de la que guardamos secuelas hasta hoy. Matemos ese mundo de fantasía, en la ficción se consigue cuando “el mundo” deja de soñar, aquí poco a poco lo van consiguiendo, ese grupo de niños consentidos nos han robado la ilusión y las ganas de ver al Atlético de Madrid. Nuestros niños. Nuestra perdición.