Ayer el Barcelona se estrelló contra un muro malacitano durante gran parte del partido, parecía cuestión de tiempo que aquella defensa terminase capitulando ante la ofensiva blaugrana. Tran innumerables ocasiones clamorosas, marcó Pedro. Pero el partido aun tendría que complicarse, pues Valdo en -prácticamente- la única ocasión andaluza batía a Valdés. En un último arreón Xavi encontró la victoria en un milimétrico pase al desmarque de Alves, a partir de ahí todos sabemos cómo terminó el partido. Ganó el fútbol, el que siempre fue a por el partido, hubo justicia.
También ayer, preguntaba al personal cómo debería plantear el partido de hoy Quique. Aguilera fue el único que respondió, él apostaba por repetir el guión del Aleti-Barça, imaginando que Banega es Xavi y Silva, Iniesta. No sería así.
Quique siguió apostando como en los últimos 3 partidos por el toque como vía hacia el éxito. El Atlético de Madrid que vimos hoy nada se parece al de los últimos años, un equipo que podría ganar algún partido de postín (fundamentalmente al Barça) basando su juego en correr rápido el contragolpe. Normalmente salía mal, pero cuando funcionaba… era impresionante verles al galope, como el año pasado en aquel 4-3 ante el rival de marras.
Este Atlético tocó y tocó dejando al Valencia como un vulgar equipo de media tabla hasta tal punto que parecían cambiadas las posiciones en la tabla. En ello mucho tienen que ver Tiago y Reyes, el primero cada día ordena mejor, el segundo va camino de ser la estrella que fue tiempo atrás.
En los primeros minutos Marchena dejó clara una cosa, terminaría antes de tiempo el partido. En la primera jugada le marca los tacos a Simao en medio campo, tarjeta amarilla. Veinte segundos después vuelve a hacer una entrada con los tacos a Reyes en la frontal, podría haber sido segunda amarilla perfectamente… No lo fue, el “destino” le reservaba una actuación digna del comediante que lleva dentro.
El Atleti siguió tocando y tocando con un Reyes magistral, que pese a lo que diga el gurú de la SER (Lama), ayudó muchísimo en la construcción de la jugada. Decir que este equipo sigue jugando un 4-2-4 habla a las claras del escaso conocimiento futbolístico de este hombre, que sigue viendo en Raúl al redentor del madridismo.
Fruto de ese fútbol-control fueron cayendo las ocasiones poco a poco, en una de ellas nos encontramos la jugada que pudo marcar el partido. Reyes se marcha perfectamente de todo el que se interpone en su camino, llega al área y allí ve truncado su slalon con una falta por detrás de Banega que en ningún momento tuvo opción a robar el balón. Debió pitar penalti e incluso roja al tratarse de una entrada por detrás, aunque esto último podría discutirse. Ni lo uno ni lo otro, el “maravilloso” Pérez Burrull se hace el sueco.
Un penalti escamoteado ya da para quejarse. No obstante, en la continuación de la jugada Silva se planta solo frente a De Gea. El toledano para en primera instancia, pero en el rechace el canario anda listo para terminar marcando el primer gol del partido. Resumiendo, del penalti que bien pudiera haber significado el 1-0 pasamos al 0-1 en la misma jugada. Increíble.
No obstante, el show acababa de comenzar. El gol(pe) parecía haber afectado a los locales, un poco aturdidos aun habían concedido una pequeña tregua. ¿Todos? No, un irreductible argentino no firma treguas, roba el balón a Marchena en las inmediaciones del área, obliga al zaguero a recular cayéndose de culo dentro del área… allí, el sevillano despeja con la mano cuando veía inevitable conceder un mano a mano. El árbitro no ve nada, estallando un gran escándalo. Los jugadores atléticos corren todos en dirección al colegiado, el comediante corre también a negarlo todo, los ché piden que continúe el juego, el público aun “caliente” por el penalti anterior hubiera ajusticiado al trencilla… en ese momento un acomplejado juez mira para todos los lados, quiere desaparecer, busca cómo justificar su desatino y corre al cuarto árbitro. Tras tres minutos circenses, señala la pena máxima y expulsa con roja directa al sucio comediante. Por si no fuera poco, surge el papelón del actor de reparto (César). Éste le pide a Forlán que lance fuera para hacer justicia.
El uruguayo marca el gol del empate. César corre hacia el cámara para pedirle que enfoque al “cuarto”, corre 30 metros con el balón en las manos a tirarle el balón. Impresentable el acto, el ¿señor? y el árbitro otra vez por no expulsar al meta.
Emery, ese proyecto de entrenador de la misma cuerda que Jiménez & cía (amarretas malos pese a tener un equipo para jugar al fútbol en condiciones), tuvo que introducir a Maduro por Mata para cubrir la “espantá” de Marchena. A partir de ese momento el Valencia jamás volvió a existir en el partido, sostenido únicamente por su portero.
Tal cual lo cuento, el Valencia dejó de buscar la portería. Sólo recuerdo un tiro desde 50 metros de Villa y un centro de Miguel a ninguna parte. Ambas cosas en la segunda parte.
El Atlético sí achuchaba por el contrario. Si hace un tiempo relativamente corto hablábamos que en el Atléti sólo el Kun traía desequilibrio y los demás eran más “planos” salvo Forlán por sus goles, ahora ya podemos añadir a José Antonio Reyes como segundo prestidigitador oficial. De sus botas salía peligro a borbotones, ya fuera buscando compañeros al hueco o intentándolo en solitario, era complicadísimo pararle. Si a eso le añadimos un gran Tiago que no posee esa magia, pero sí reparte juego estupendamente… pues tenemos mucho ganado.
Así, el partido fue convirtiéndose en el Barça-Málaga de anoche. Los locales disparando con bala, y los visitantes colgados del larguero. El gol era cuestión de tiempo.
En el minuto 75 el Kun queda tendido, parece roto físicamente, Jurado espera en la banda el cambio. Había un corner a favor, y ya saben esa norma no escrita en el fútbol: “nunca se cambia a un futbolista en un corner”. Se botó el corner de tal forma que Agüero remató en el primer palo con la colaboración de la defensa. Gol del muerto (físicamente), el partido estaba en la buchaca.
El Valencia enloqueció, Miguel vio la roja por una impresentable entrada en el centro del campo a Valera. Con 9 jugadores era imposible pensar en empatar.
Hasta el final asistimos al redondeo, no del euro sino de la victoria. Jurado, recién salido mete un pase a la carrera de Forlán, éste ajusticia a César por tercera vez en el partido. Y para finalizar, Jurado de nuevo logra batir a César con un precioso gol en semi-vaselina. Ganó el fútbol, el que siempre fue a por el partido, hubo justicia.
(*) Simao vio la quinta amarilla. Se perderá el próximo partido frente al Zaragoza.