Como en una de tantas tardes estos últimos años, ver al Atlético ha sido un auténtico suplicio en ocasiones reinventado por los mismos “artistas”. Amenazaba tormenta antes de comenzar dada la estupenda racha local en su feudo y la baja del Kun Agüero (un oasis en este equipo), pero a última hora se sumó la baja por lesión de Tiago, presumiblemente en el calentamiento (aparecía en el once titular de la televisión), de tal forma que nos encontrábamos con un puzzle al que le faltaban piezas y una cabeza pensante, ¡coño! Así no hay forma…
El Mallorca tomó las riendas del partido desde el primer minuto, sabía de la endeblez defensiva rival por las bandas y a menudo le vimos volcar el juego hacia esa zona, aunque si hubiese decidido entrar por el centro casi podríamos hablar de un provecho similar. Fruto de ese dominio, en el minuto 10, Víctor Casadesús agarra un balón dentro del área, marea a los centrales y fusila con rapidez junto al palo. Otro gol más antes del cuarto de hora y van…
Si creéis que el Atlético protagonizó alguna jugada peligrosa en respuesta al primer zarpazo os equivocáis. Los bermellones siguieron dominando con una insultante superioridad, hasta tal punto que los de rayas daban la impresión de ser amateurs. Ibra era el único que intentaba dar sentido al juego atlético bajando hasta el mediocampo a enlazar, sin suerte ni talento, pero al menos le ponía empeño.
Sobre el minuto 20 volvimos a vivir un mini-asedio, desbaratado en sendas ocasiones por De Gea, en la segunda de sus intervenciones habría que reseñar la pésima actuación del cómico Antoñete, en ningún momento en su posición, le burrean varias veces en la misma jugada y porque jugamos con buen portero que sino… cualquier jurado popular (no confundir con el futbolista) le condenaría.
Y de repente… Jurado. Primero desbordó en una jugada para meter un buen centro sin remate y en la segunda de sus intentonas un minuto después, se hace sitio con el lateral y mete el balón al punto de penalti donde Forlán, entrando desde atrás, remata con la tibia para fijar el empate. Llegados a ese punto podría decirse que era el típico partido en el que no jugamos un pimiento y sin embargo terminamos rascando algo positivo.
Pero no, la realidad a veces te da unos hostiones que te arranca la cabeza de cuajo. Precisamente con la testa marcó Aduriz a renglón seguido. En una esperpéntica jugada, primero desbordan a Antoñete, centran para que los centrales dejen pasar el balón hacia la otra banda, allí, Borja Valero recibe solo (¿y Valera?), controla, la pone suave al primer palo donde Aduriz se adelanta a Perea/Valera que jugaban a un calienta manos. Patético, en conjunto, primero porque el lateral deja centrar, los centrales dejan que llegue el balón al otro lado sin atacar la jugada, el otro lateral en vez de preocuparse de su par está mariposeando por el centro y por último, el lateral fuera de sitio y su inefable compañero de zaga (Perea) se dedican a marcar al delantero con la vista. ¡Por favor, secuestren a esos muchachos!
Como las penas nunca vienen solas, Reyes tras una buena tarascada empieza a cojear ostensiblemente, ya teníamos a un equipo sin Kun, Tiago y medio Reyes. ¿Se puede remontar un resultado en esas condiciones? Claramente no.
No obstante, hubo un par de ocasiones antes del descanso, una de Domínguez en un corner botado desde la izquierda por Jurado, un defensa la sacó bajo palos. Y otra de Forlán, pero esta se escapó fuera. Entretanto Domínguez vio la amarilla al arrollar claramente a un rival en el centro del campo, error de bulto.
En la reanudación el partido lo podemos resumir en “bostezo tras bostezo, expulsión y ¡oh, no! María, el niño ha vuelto a intentar suicidarse…”
A veces anoto las incidencias del partido en una libreta para así evitar olvidarme de algún dato que considere importante (algún día voy a anotar las veces que RG da pases hacia atrás). Bueno, pues os cuento las anotaciones positivas (literales):
67’ Falta botada Reyes, cabecea dito (no sé) blandito manos Aouate.
78’ Ocasión clamorosa Forlán, en carrera.
Sí, dos veces llegó con peligro el Atleti en una bochornosa segunda parte, el resto son todo anotaciones negativas, difícil voltear un marcador en esas condiciones.
Por supuesto, el Mallorca siguió a lo suyo, primero jugando al mismo deporte (no olímpico) que el Atléti, la taba. Consiguiendo la expulsión de un desesperante, desesperado y corrosivo para el buen juego, Lacra García (homenaje a mi hermano, vuelve, cabrón). Pero bueno, tampoco fue fundamental en el resultado, porque en la primera parte no se le vio ni para bien ni para mal y seguimos siendo un equipo sin sentido colectivo cuando juega él, así, hasta puede considerarse positivo verle expulsado.
Después, Juanito, que había entrado por un Domínguez con gastroenteritis (lo dijeron) se complicó en dos acciones la mar de absurdas. Primero concede un contragolpe en una entrega defectuosa y, posteriormente, se confía en una jugada lateral yéndose al suelo y dejando expedito el camino hacia la portería defendida por el joven portero atlético. Poco más.
Mario Suárez cuajó un buen partido gracias a las facilidades madrileñas, gozó de una ocasión si consideramos como tal disparar de 35 metros junto al palo. Sigo sin verle capacitado para el Atleti, no creo que sea mejor que Koke, sí que RG, pero eso es trampa, en esa tesitura, yo soy mejor que el ínclito navarro.
La tarde terminó como empezó, con tragedia. El Mallorca marcó en el 85 un gol gracias a la colaboración entre Antoñete, Valera y Perea, ¿les suena? A mí sí. El colombiano alojó el balón en el fondo de las mallas, quizá por miedo a que Webó se le adelantase marcando él.
Para cerrar esta crónica, un precioso gol de Mattioni dio la puntilla al Atlético de Quique y de paso a cualquier cuenta pensando en llegar a Europa vía liga. El gol es para verlo, un corner botado desde la izquierda recorre 50 metros hasta el pico del área derecho, de volea, Mattioni empalma un derechazo a la escuadra. El 4-1 habla por sí solo.