Ya estamos aquí
Ayer el Atlético de Madrid se
clasificó para la final de la Liga de Campeones (antigua Copa de Europa) 40
años después, rememorando los tiempos en los que este equipo era grande,
luchaba por los títulos y los conseguía con cierta regularidad. Cuando el Atlético
de Madrid ascendió a Primera División hace 12 años, lanzó una premiada campaña
de marketing en la que salía el hoy segundo entrenador del equipo (Germán
'Mono' Burgos) saliendo de una alcantarilla con el lema de "ya estamos
aquí". Realmente no era así, aquel equipo era una parodia indigna de la
historia rojiblanca, un equipo de chiste que, pese a Luis, lo más que lograba
era viajar por mitad de tabla y pelear hasta el último momento por entrar a
Europa por la puerta de atrás (Intertoto). Afortunadamente, y tras 8 años de
travesía, el equipo volvió a ser campeón, fue la primera toma de contacto con
el verdadero Atlético de Madrid, sin embargo el verdadero espaldarazo ha sido
la llegada del Cholo Simeone a este equipo, empapando a la institución con el carácter
luchador y ganador que siempre la ha caracterizado, pese a que desde
determinados sectores se quiera vender un aura de fatalismo y fracasos
habituales. Nadie dice que haya que ganar títulos habitualmente, tan sólo
consiste en pelear hasta el último tramo la competición doméstica y dar una
buena imagen en Europa, la Champions la juegan 32 equipos, 10-12 suelen ser muy
buenos y sólo uno la puede ganar.
Arquímedes, uno de esos
genios de la antigüedad, explicó el principio de la palanca y a él se le atribuye
la célebre frase "Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo". El
Cholo es el Arquímedes rojiblanco, con el apoyo incondicional de una plantilla
que cree ciegamente en él (pregúntenles y verán que todos mantienen el mismo
discurso) ha conseguido "mover/agitar" el mundo futbolístico que les
rodea, meterse en la pelea por la liga española y armarla gorda en Europa con
una plantilla que no contaba en las quinielas al principio de la temporada, ni
tan siquiera para disputar las semifinales. A base de ser un GRUPO,
cohesionado, con calidad y una gran dosis de esfuerzo a lo largo de todo el
año, se ha conseguido llegar a donde estamos.
Si la eliminatoria contra el
Barcelona significó que Europa entera valorase al Atlético de Madrid como uno
de los mejores equipos del continente, el partido de ayer era el disparadero,
aterrizar en el Olimpo futbolístico, un lugar reservado para unos pocos
privilegiados porque conseguir disputar la final de la Champions lo consiguen
un grupo selecto de clubes, en los últimos 10 años el Barcelona, Manchester
Utd. y Bayern llegaron a 3, el Milán, Liverpool y Chelsea a 2 de ellas y finalmente
unos pocos equipos como Dortmund, Arsenal o Inter que jugaron una. Como se ve,
nueve equipos se reparten las finales de 10 años. Pero lo verdaderamente
importante no es llegar a esta final, que también, sino las sensaciones que
desprende este equipo en los últimos años, no es flor de un día sino el fruto
del trabajo bien hecho.
El partido de Stamford Bridge
ha entrado en la historia rojiblanca, al Atleti le valía cualquier empate con
goles pero aun así no salió a especular con el marcador y aprovechar cualquier
fallo local. Mou sorprendió con una alineación que incluía 6 defensas, a priori
parecía que saldría con defensa de cinco con laterales largos (Azpi y Cole) más
David Luiz en el centro, pero después vimos que Ivanovic hacía de lateral y
Azpi se incrustaba de interior diestro apoyando en labores defensivas. A pesar
de ello el Chelsea no salió a defender puramente como en la ida, desde el
primer momento se vio que querían llegar y marcar. Pudo decantarse rápidamente
el partido si un centro envenenado de Koke en vez de dar en el larguero-palo y
sacarla un defensor hubiese ido dentro. Los mediocentros rojiblancos
(Tiago-Mario) estaban muy concentrados, presionando la salida de balón y
distribuyendo rápidamente a los que debían llevar el peso ofensivo.
Pero llegó el palo blue. Una
jugada que aparentemente no llevaba mucho peligro con William en la banda
termina como si fuese una melé con el jugador en el suelo y los dos defensores
rojiblancos mirando mientras la pelota sale de su área de influencia, aparece
Azpi por allí, camina paralelo a línea de fondo y mete un centro raso hacia el
corazón del área, donde FT iba a golpear raso, impactar en Mario y batir a un
Thibaut que o le engañas con una acción de este tipo o sabes que te va a sacar
una mano o pie milagroso. Fernando pidió perdón por el gol mientras nosotros
éramos conscientes de que íbamos a sudar sangre para pasar, en estas rondas
nadie regala nada ni ningún equipo es sencillo.
El equipo no cejó en su
empeño, siguió intentándolo sin desesperarse y por ahí llegó el tanto salvador.
Un gol que habrán visto repetido ya cien veces, centro de Tiago al desmarque de
ruptura de Juanfran, éste según llega la mete hacia el área pequeña donde
esperaban tres defensores ingleses que ninguno atina a despejar para que Adrián
impacte en el segundo palo, mordida, quizá sin mucha fe como toda su temporada,
pero lo suficiente como para batir a Schwarzer y voltear la eliminatoria,
obligando ahora al Chelsea a marcar si quería pasar. Además era un gol
psicológico, antes del descanso.
En la segunda mitad vimos a un
Atleti nada conservador, el guión indicaba que el Chelsea seguramente se
volcaría para intentar pasar y que quizá fruto del empuje los de Simeone se
acularían para aguantar y tirar contras. No fue así. Mucha personalidad de los
jugadores, quisieron la pelota y se dedicaron a presionar para recuperar y
buscar sentenciar el choque.
Los londinenses la tuvieron
en la cabeza de Terry, que remató picado encontrando una mano salvadora de Courtois
que no suele fallar en las grandes citas, el belga se ha erigido en un seguro
de vida que debería contratar el Atleti de forma indefinida, cueste lo que
cueste. A continuación se pidió penalty a Arda, quizá no lo fue. No hizo falta
porque poco después, ya con Eto'o en el campo por Cole (cambio que modificaba
el esquema, Azpi pasaba a lateral zurdo en un 4-3-3) cometió un penalty tonto,
típico del delantero que defiende en su área y mete el pie allá donde no debe,
derribando a un rival. El penalty se celebró como si fuese el billete a la
final, sin embargo había que marcarlo y de eso se iba a encargar un Diego Costa
que no es precisamente un especialista. Tras un minuto de suspense, amarilla
incluida, en el que no atinaba a colocar el balón como quería, marcó engañando
a Schwarzer y ahí sí que terminó todo.
Con la eliminatoria patas
arriba y media hora por delante dio tiempo a ver muchas cosas, la primera fue
un cabezazo blue que encuentra el poste y las manos de Thibu, después el gol de
Arda tras una larguísima posesión atlética que termina en un pase brutal de
Tiago a la carrera de Juanfran que, como en el primer gol, mete un centro al
segundo palo para que Arda remate de cabeza al larguero y recoja él mismo el
rechace para empujarla a la red. El 1-3 ya era insuperable a falta de 20 minutos.
Toda una afición estaba festejando que su equipo, el Atlético de Madrid, era
finalista de la Champions gracias, entre otras cosas, a ese mantra de Luis
Aragonés que tan bien ha sabido interpretar Simeone, "ganar, ganar, ganar
y volver a ganar", no se olviden de él.
