Supercampeones
Al final, no he oído ninguna explicación pero da igual, el Atlético de Madrid alzó la Supercopa al cielo de Mónaco sin discusión en un partido que mereció ganar ampliamente ante el todopoderoso Inter del “sextete” (que ahora ya no podrá ser).
Por terminar el debate inicial, supongo que Perea jugó para frenar la velocidad de Eto’o y Domínguez es titular sí o sí, lo que le obligaba a jugar por la izquierda al ser el único zurdo de los ‘cuatro’. Juzguen ustedes mismos.
El partido no será recordado por un fútbol de fantasía, para ser sinceros fue una auténtica castaña durante bastantes fases, pero Quique conocía las virtudes y defectos del Inter al detalle. Si no puedes ganarles mediante el toque (entre otras cosas porque nos faltan mimbres), gánales con sus armas: orden defensivo y ataques fugaces. Esta mañana he visto el partido repetido (me lo grabé) para analizar tranquilamente todo.
Salimos un poco atorrijados en los tres primeros minutos, tanto es así que llegué a creer que nos meterían un gol al estilo del año pasado, en un balón colgado, un fallo tonto de marca o vaya usté a saber qué… pero no, superados esos minutos el equipo cogió el toro por los cuernos, se sacudió el dominio con dos llegadas por banda, una de ellas nos dejará la duda de si Chivu cometió penalti o el Kun se dejó caer. Después de múltiples repeticiones sigo sin aclararme.
Después de este inicio fulgurante se dio paso a unos minutos de bostezo, un pastiche táctico de difícil digestión. El Atlético no concedía espacio a los mediocentros ‘neriazzurros’ y con ello ahogaba a los puntas, mientras tanto el atasco del centro imposibilitaba también cierta conexión rojiblanca de tal forma que todo quedaba a expensas de alguna genialidad individual o un fallo que penalizase, una auténtica partida de ajedrez que, si bien me gusta el juego en sí, cuando se traslada a un campo de fútbol me desespera. Sin embargo, hoy no había otra, para ser dueños de la gloria debíamos dar una lección táctica y de despliegue al resto de Europa.
Godín despejaba de cabeza todo lo que llovía del cielo, Perea acertado al cruce fue un coloso y Domínguez cubría por la izquierda como un falso lateral. Ujfalusi subía la banda con menos preocupación, había tres tipos guardando las espaldas más un cuarto como Assunçao, enorme toda la noche.
Con el paso de los minutos el cansancio hizo mella, sobre todo en las tropas italianas, las ayudas no llegaban con la misma eficacia, la línea se tiraba peor y las ocasiones empezaban a gotear. El descanso fue un auténtico balón de oxígeno para un cansado Inter, no veían huecos delante y por detrás sentían el agobio, gran mérito del Atlético. Si la primera parte hubiese durado 5 minutos más, probablemente el gol se hubiera producido en ese período.
En la segunda parte se repitió guión, los rojiblancos seguían en su tónica, inconmensurables en todas las líneas. Ahora las ocasiones sólo caían de un lado, el nuestro. Lucio recurría a su marrullería habitual para contener (cómo odio a este tipo), Maicon evitaba subir por banda preocupado con Simao y Forlán pululando su zona y Samuel, con una especie de marcaje al hombre, perseguía al Kun incluso cuando caía a banda, creando huecos preciosos.
Fruto de esos huecos apareció José Antonio Reyes en el balcón del área, la cogió y la pegó con rosquita al palo largo, donde un atento Julio César metía la mano para repeler la ocasión. Esto fue el preámbulo del primer gol. En el 62’, Reyes vuelve a tener la pelota en la medialuna del área, intenta conectar con Agüero, dejándose este el balón “atrás”, momento que aprovecha el utrerano para a trompicones ganar el lateral del área pequeña y batir de ajustado disparo al palo al meta.
La euforia comienza a brotar en las gradas, las bengalas hacen acto de presencia y la animosa afición colchonera cree definitivamente en la victoria. No veníamos de turismo a Mónaco.
Tras el gol, QSF retiró del campo a Reyes, introduciendo a Mérida. En las imágenes se le veía cojear pero ya pasados los festejos y tal parece que no, fue simplemente un cambio táctico. El Inter por su parte daba entrada a Pandev, otro atacante, por Stankovic. Benítez no se debe enterar muy bien, más delanteros no equivale a más ocasiones o más peligro, no necesariamente… pero bueno, a lo nuestro.

Estos minutos dieron lugar a unas ocasiones enlazadas, un córner de Sneijder que Eto’o malogra al quitarle el balón de la cabeza a Lucio. Otra de Agüero internándose en el área, despejada por Chivu… otra del Inter con un disparo de Milito taponado.
Sin embargo, aunque todas estas ocasiones puedan dar la impresión de partido loco no era así. Forlán, voluntarioso durante todo el partido daba paso a Jurado (jugador nº12), el uruguayo se pillaba un mosqueo considerable a tenor de sus gestos… a continuación, como aquel que dice, el balón le cae a RG en el centro del campo, abre a banda donde aparece Simao ganando línea de fondo, pone el balón al corazón del área y el Kun empuja a puerta vacía. Dicho así parece hasta fácil.
Tocábamos el cielo, la gloria, íbamos a ganar la Supercopa europea y ni un penalti de RG nos amargó la noche. Van Der Gea se dio a conocer con una gran parada, hoy Milito no perforaría la meta colchonera. Hoy el Atlético era invencible. Se cerraba el círculo de unos meses maravillosos. Gracias.
