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Supercampeones por aplastamiento

Antes del partido, el Atlético de Madrid partía en la final como el equipo inferior, ese rival que puede ganarte porque se trata de fútbol (once contra once y blablablá...), pero en todas las apuestas, incluidas las de un servidor, se contaba con un Chelsea a la postre vencedor. Se equivocaban. Me equivocaba.

Merecidísima victoria de los hombres de Simeone, muy metidos en el partido desde el primer segundo, y es que parecía que llevaban visualizando el partido desde hace semanas. Increíble la puesta en escena, que no dejó lugar a dudas sobre quién era mejor. Dicen algunos medios que ha sido el mejor partido de los rojiblancos en su historia, y la verdad no sabría si aventurarme tanto, dado que no he conocido (por edad) épocas gloriosas y delanteras míticas, muchos de los que hablan, tampoco. Sí es cierto, por el escenario (una final), el rival (un campeón de Europa) y el incontestable desenlace, que nos encontramos ante el mejor partido de los últimos 30-40 años. La final de Bucarest de hace unos meses fue grandiosa, una auténtica exhibición, pero el Athletic de Bilbao se parece al Chelsea lo mismo que un utilitario a un coche de competición.

El Chelsea del año pasado ganó la máxima competición continental, si se me permite la licencia, por fortuna. La que otorgan unos lanzamientos de penalty que, si bien te pueden dar la gloria, también te la pueden quitar de un plumazo, y es que recordemos que en la final el Bayern fue netamente superior, hasta el punto de ir por delante a poco del final. El rácano Di Matteo se salió con la suya, como frente al Barcelona. Esta temporada, parece haber cambiado el guión, con un juego distinto que busca ser protagonista, justo lo que le viene bien al Atlético.

Simeone planteó una guerra de guerrillas en la que la presión era fundamental y las ayudas defensivas nuestro medio para aguantar las acometidas rivales, a su vez, la salida fulgurante a la contra debía ser lanzada por Koke y Turan, de cuya precisión se apoyaría el éxito de Adrián y/o Falcao. Ay, ese colombiano, capaz de rematar un melón, si le entregas un buen pase, él se encarga del resto.

No había pasado mucho del partido cuando el Atleti había desarbolado a la defensa del Chelsea en un par de ocasiones, en una había mandado al larguero Falcao un centro venido de la izquierda, y en otra le habían hecho un penaltazo a Koke. Una lástima no haber aprovechado esas ocasiones, pero Falcao, que no entiende de lástimas, acertó en la siguiente. En carrera, entrando por el pico del área, se queda el balón un poco atrás, lo justo para perder al marcador y colocar el balón al palo largo, lejos de las manos de Cech y las piernas de un David Luiz que no pudo hacer nada. La final cogía tono rojiblanco.

Los blues, acusaron el golpe, tanto que no reaccionaron, o más bien el Atleti seguía insistiendo en su idea de dinamitar la final. Poco después, Falcao volvía a encontrar una vía de agua en el casco londinense, un pase que parecía no llegar, un desmarque que no sale del todo bien, pero un portero que se queda a media salida permitieron ver a Radamel un hueco en la escuadra más alejada, un tanto parecido al de la final de Bucarest, una semivaselina que no dejó tampoco opciones a un portero batido desde el momento en el que quedó en tierra de nadie.

El partido se había convertido en una fiesta, y los colchoneros un dolor de cabeza para los ingleses, siempre estaban en superioridad en cada parte del campo donde mirase, ahogando cualquier esperanza rival. Las contras seguían llegando, después de ataques infructuosos, que permitían exhibir la velocidad de Adrián, mayor claramente que la de su marcador Ivanovic. En una de esas, el balón le llegó a Turan (en orsay) que ganó línea de fondo y colocó un balón precioso al asturiano, que sólo debía empujar el tercero, pero no era su día y se disparó a la cara (literalmente), el rechace le quedó suelto a Falcao, que remató de cabeza al poste. Era el cuarto tiro, dos goles y dos postes. El quinto no lo fallaría.

Otra contra vertiginosa que cae en los pies de Turan, éste ralentizó la transición sin que soltase el cuero hacia el desmarque de ruptura de Koke o a la derecha, hacia Adrián. Había otros planes, por detrás llegaba Falcao como una locomotora para, recibir en el momento oportuno el pase, y apuntillar a Cech por bajo. Fue la apoteosis, 3-0 justo antes del descanso.

El partido parecía sentenciado, sólo un cambio radical en la segunda parte podría poner en peligro una victoria rojiblanca. No fue así, en el inicio Óscar sustituyó a Ramires, que como casi siempre, me parece un pufazo de futbolista importante. Fueron minutos en los que el balón pertenecía al Chelsea, pero su dominio era inútil. En esas, Adrián se rompió en una carrera, y fue el Cebolla el encargado de sustituirle, cambio a peor, si bien es cierto que el partido había bajado claramente de revoluciones y eso condiciona mucho.

Para colmo, el Atlético iba a apuntillar el partido, una falta lateral a 30 metros era botada por Gabi al corazón del área, allí Miranda aprovechaba un balón muerto para anotar el cuarto gol, en pleno festival. Todo lo que ocurrió después, incluido el gol de Cahil, fue anecdótico. Falcao se llevó la ovación de la noche y el Atleti la Supercopa. No hubo otra opción en los 90 minutos, así lo había decidido Simeone, y así lo había ejecutado Falcao, delanteros como él, salen pocos a lo largo de los años. Disfrutémosle mientras nos dejen.

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Supercampeones

Me descubro ante Quique Sánchez Flores, soy un maldito ignorante de la vida, lo reconozco. Ayer minutos antes del partido creía que se había vuelto loco poniendo a Domínguez de lateral izquierdo además de dejar fuera de la convocatoria a Filipe Luis, flamante fichaje veraniego por 12 millones de euros (el llamado a ser titular indiscutible). Esos detalles, junto a la presencia de Perea en el eje de la zaga con Godín me inquietaba, no sabía bien a quién pretendía parar por bandas el faraonito tal que se necesitasen dos centrales reconvertidos a lateral. Me indigné, qué coño.

Al final, no he oído ninguna explicación pero da igual, el Atlético de Madrid alzó la Supercopa al cielo de Mónaco sin discusión en un partido que mereció ganar ampliamente ante el todopoderoso Inter del “sextete” (que ahora ya no podrá ser).

Por terminar el debate inicial, supongo que Perea jugó para frenar la velocidad de Eto’o y Domínguez es titular sí o sí, lo que le obligaba a jugar por la izquierda al ser el único zurdo de los ‘cuatro’. Juzguen ustedes mismos.

El partido no será recordado por un fútbol de fantasía, para ser sinceros fue una auténtica castaña durante bastantes fases, pero Quique conocía las virtudes y defectos del Inter al detalle. Si no puedes ganarles mediante el toque (entre otras cosas porque nos faltan mimbres), gánales con sus armas: orden defensivo y ataques fugaces. Esta mañana he visto el partido repetido (me lo grabé) para analizar tranquilamente todo.

Salimos un poco atorrijados en los tres primeros minutos, tanto es así que llegué a creer que nos meterían un gol al estilo del año pasado, en un balón colgado, un fallo tonto de marca o vaya usté a saber qué… pero no, superados esos minutos el equipo cogió el toro por los cuernos, se sacudió el dominio con dos llegadas por banda, una de ellas nos dejará la duda de si Chivu cometió penalti o el Kun se dejó caer. Después de múltiples repeticiones sigo sin aclararme.

Después de este inicio fulgurante se dio paso a unos minutos de bostezo, un pastiche táctico de difícil digestión. El Atlético no concedía espacio a los mediocentros ‘neriazzurros’ y con ello ahogaba a los puntas, mientras tanto el atasco del centro imposibilitaba también cierta conexión rojiblanca de tal forma que todo quedaba a expensas de alguna genialidad individual o un fallo que penalizase, una auténtica partida de ajedrez que, si bien me gusta el juego en sí, cuando se traslada a un campo de fútbol me desespera. Sin embargo, hoy no había otra, para ser dueños de la gloria debíamos dar una lección táctica y de despliegue al resto de Europa.

Godín despejaba de cabeza todo lo que llovía del cielo, Perea acertado al cruce fue un coloso y Domínguez cubría por la izquierda como un falso lateral. Ujfalusi subía la banda con menos preocupación, había tres tipos guardando las espaldas más un cuarto como Assunçao, enorme toda la noche.

Con el paso de los minutos el cansancio hizo mella, sobre todo en las tropas italianas, las ayudas no llegaban con la misma eficacia, la línea se tiraba peor y las ocasiones empezaban a gotear. El descanso fue un auténtico balón de oxígeno para un cansado Inter, no veían huecos delante y por detrás sentían el agobio, gran mérito del Atlético. Si la primera parte hubiese durado 5 minutos más, probablemente el gol se hubiera producido en ese período.

En la segunda parte se repitió guión, los rojiblancos seguían en su tónica, inconmensurables en todas las líneas. Ahora las ocasiones sólo caían de un lado, el nuestro. Lucio recurría a su marrullería habitual para contener (cómo odio a este tipo), Maicon evitaba subir por banda preocupado con Simao y Forlán pululando su zona y Samuel, con una especie de marcaje al hombre, perseguía al Kun incluso cuando caía a banda, creando huecos preciosos.

Fruto de esos huecos apareció José Antonio Reyes en el balcón del área, la cogió y la pegó con rosquita al palo largo, donde un atento Julio César metía la mano para repeler la ocasión. Esto fue el preámbulo del primer gol. En el 62’, Reyes vuelve a tener la pelota en la medialuna del área, intenta conectar con Agüero, dejándose este el balón “atrás”, momento que aprovecha el utrerano para a trompicones ganar el lateral del área pequeña y batir de ajustado disparo al palo al meta.

La euforia comienza a brotar en las gradas, las bengalas hacen acto de presencia y la animosa afición colchonera cree definitivamente en la victoria. No veníamos de turismo a Mónaco.

Tras el gol, QSF retiró del campo a Reyes, introduciendo a Mérida. En las imágenes se le veía cojear pero ya pasados los festejos y tal parece que no, fue simplemente un cambio táctico. El Inter por su parte daba entrada a Pandev, otro atacante, por Stankovic. Benítez no se debe enterar muy bien, más delanteros no equivale a más ocasiones o más peligro, no necesariamente… pero bueno, a lo nuestro.


Estos minutos dieron lugar a unas ocasiones enlazadas, un córner de Sneijder que Eto’o malogra al quitarle el balón de la cabeza a Lucio. Otra de Agüero internándose en el área, despejada por Chivu… otra del Inter con un disparo de Milito taponado.

Sin embargo, aunque todas estas ocasiones puedan dar la impresión de partido loco no era así. Forlán, voluntarioso durante todo el partido daba paso a Jurado (jugador nº12), el uruguayo se pillaba un mosqueo considerable a tenor de sus gestos… a continuación, como aquel que dice, el balón le cae a RG en el centro del campo, abre a banda donde aparece Simao ganando línea de fondo, pone el balón al corazón del área y el Kun empuja a puerta vacía. Dicho así parece hasta fácil.

Tocábamos el cielo, la gloria, íbamos a ganar la Supercopa europea y ni un penalti de RG nos amargó la noche. Van Der Gea se dio a conocer con una gran parada, hoy Milito no perforaría la meta colchonera. Hoy el Atlético era invencible. Se cerraba el círculo de unos meses maravillosos. Gracias.