El Atlético de Madrid venció 4-0 al Racing de Santander completando un partido notable en el que el fútbol de combinación apareció por el Calderón cuando ya nadie le esperaba. Enorme Kun, soberbio Tiago.
Las estadísticas ligueras hablan por sí solas, el Atlético de Madrid ha recibido hasta la fecha 4 goles en los cinco primeros minutos y 5 en los últimos cinco. La estadística se igualaría de sumar el gol encajado contra el Celta hace 14 días. Vamos, el equipo sale como un flan a los partidos, bien por falta de tensión, bien por nerviosismo.
Hoy no era día de pifias. El once titular -podría decirse que el de gala- desde el primer minuto salió a comerse al rival, todo fundamentado en minimizar los fallos atrás sin complicarse lo más mínimo, y circulación de balón apoyándose constantemente en Tiago-Assunçao, impecables todo el partido. A partir de ahí, el juego fluía a las bandas, volviendo al centro para rehacer la jugada o ganando línea de fondo ya fuera el interior o el lateral desdoblándole. Parecerá una gilipollez mayúscula para aquellos acostumbrados a ver fútbol en sus equipos, pero a mí me costó creérmelo durante minutos, ¡fútbol! ¡del Atléti!
A todo esto, el Racing quedó en el túnel de vestuarios, porque sólo achicaban agua en su campo. El chaval Canales intentó todo el choque meter balones interiores a las diagonales de los hombres de banda y al delantero boya (Xisco), para desgracia suya los zagueros rojiblancos decidieron firmar uno de los mejores partidos que se recuerdan. Únicamente recuerdo una jugada de Antonio López en la que corre sin ganas a cerrar a su par, que recula con el balón, mete un taconazo al desmarque de un compañero, mientras él se pasa la jugada con su parsimonia patética.
En un córner empezamos a saborear el gol, Assunçao o Perea peina en el primer palo y Tiago entrando solo por el centro del área estrella el balón en la madera. Susto gordo para los santanderinos. Poco después encontrarían premio.
De repente, en una jugada trenzada le llega el cuero al Kun, que internándose en el lateral del área centra pasado al segundo palo, donde un Simao libre de marca empalma de forma magistral al fondo de la red.
A renglón seguido, otra internada de Ujfalusi (se prodigó en ataque toda la primera parte) consigue meter un centro al corazón del área, allí el ‘10’ remata de cabeza flojito a las manos de Coltorti.
Ya en el minuto 40, Simao calca la internada del Kun del primer gol solo que éste mete el centro a medio metro del suelo, de tal forma que ni aciertan a despejar los racinguistas, ni Forlán remata hasta que Reyes, que pasaba por ahí, empala con violencia el segundo gol de la noche. La locura se desató en el campo, los jugadores hicieron piña, la grada saltaba de alegría… todo estaba saliendo a la perfección. En los minutos que he saltado el dominio era casi absoluto, con un equipo que actuaba como tal, justo lo contrario que tantas otras veces.
Y así se llegó al descanso. La segunda parte mantenía la incertidumbre de si todo sería pasajero, si recibían un gol con las complicaciones que conlleva o si terminarían por cerrar la eliminatoria. Fue lo último.
Nada más salir, Reyes, algo renqueante, fue objeto de una falta normalita que supuso su salida del césped aquejado de un esguince de rodilla (un mes de baja), las cosas empezaban a torcerse. Jurado ocupaba su lugar.
Tiago seguía impartiendo clases magistrales de cómo manejar el tempo del partido sin volverse majara en el intento, da pausa, distribuye, vuelve a ofrecerse, sombrerito por aquí, sombrerazo por allá, “dámela”, “toma que te la devuelvo mientras espero que tu marcador venga a presionarme a mí”… impresionante que no tuviese minutos en Turín. También que algunos dijesen que no es lo que necesita el Atleti. Hombres de poca fe.
Minuto 60. El Racing saca un córner como el que lanza un melón desde el tractor al mozo de abajo. Balón al Kun, contragolpe de 3 para 2, corre 40 metros antes de dársela a Jurado. Éste amaga y cambia de ritmo en la esquina del área, entre tanto Toni Moral (un centrocampista) le derriba torpemente fuera, Jurado aguanta la tarascada e intenta seguir, hasta que le agarran de una pierna… también fuera del área, solo que casi sobre la línea. El árbitro no iba a pitar penalti, pero en el último momento duda y se dirige a los 11 metros. Forlán no perdonó. El 3-0 era demasiada losa.
Para terminar de “joderla”, justo a continuación el Kun recibe en el piquito del área, se va de dos hombres hacia la portería y Torrejón le fulmina con un entradón descarado. Penalty como una casa, éste sí, aunque tuvo la cara dura de protestarlo. Forlán volvió a repetir. Con 4-0 Quique retiró a Paulo Assunçao (con amarilla) recibiendo una sonora ovación y a los 5 minutos al uruguayo haciéndole acreedor de otro aplauso.
El partido dio poco más de sí, una trifulca nada beneficiosa para los intereses locales y un visitante que nunca pareció tener la mirilla en la portería de “Van der Gea”, quizá por acierto local. La final parece al alcance de la mano.
Apunte: El año pasado el Atlético perdió 5-1 en El Sardinero. Ese resultado clasificaría igualmente para la final. No sé si alguna vez se remontó un 4-0 en Copa.