La temporada echó el cierre
rojiblanco en El Madrigal, lugar donde todavía se concentraban ciertas
esperanzas en llegar a posición Champions, bueno, ahí y en Málaga, pero para
soñar primero se debía ganar. Francamente, no creía mucho en la victoria
atlética, la paupérrima temporada liguera, principalmente a domicilio (15
puntos antes que ayer, el peor de los 10º primeros clasificados), unido a la
resaca de los festejos por la victoria en Bucarest y la necesidad imperiosa del
Villareal por puntuar para salvarse… pues eso, no vaticinaba nada bueno.
El partido comenzó con un
tímido dominio rojiblanco, los nervios atenazaban a los amarillos mucho más que
el cansancio a los atléticos o eso parecía, puesto que las primeras ocasiones
tenían color rojiblanco. Con el paso de los minutos, los castellonenses se
desperezaron mediante disparos lejanos de Senna y Hernán Pérez, más los
penalties reclamados de el propio Hernán y Marco Rubén, ambos sin protestar por
ello, lo que es un claro indicativo de lo que fue.
Los minutos corrían y nada
ocurría, ni en la lucha por la Champions ni en el descenso, todo dependía de un
gol que agitase la jornada, ya fuese en Getafe para “espolear” a los locales o
del Sporting para hacer lo propio con el Atlético. Todo llegó empatado a cero
al descanso.
Ya en la segunda parte, el
primero en golpear fue el Zaragoza que se aprovechaba de la superioridad
numérica (9 jugadores el Geta), obligando al Rayo a marcar para salvar la
categoría y de refilón, metiendo presión al Villareal. A su vez, el Málaga
marcaba muy pronto, condenando al Atleti a la UEFA, salvo gol asturiano.
¿Merecía la pena forzar por marcar? Yo creo que sí, lo primero de todo por si
ocurría lo inesperado en la Rosaleda, y lo segundo por respeto a la competición,
nadie tendrá (ni tuvo) compasión el día que nosotros necesitemos puntos a la
vez que el rival no se juega nada. Pues eso.
Gabi dejó su puesto a Koke,
mucho más explosivo y generoso en el esfuerzo, también más fresco que el
capitán. Ese fue el punto de inflexión en el partido, el Atleti se vino poco a
poco arriba y los amarillos se diluyeron cual azucarillo, las ocasiones
comenzaron a llegar, era cuestión de tiempo que el gol llegase, Filipe Luis a
punto estuvo de conseguirlo con un zurdazo a bocajarro que se estrelló en el
larguero al querer colocar excesivamente con el interior, el pase de Diego fue
excelente. Falcao avisó con un cabezazo que se perdió por poco, Salvio era más
un incordio que un peligro…
El partido parecía que iba a
morir con el beneplácito del Villareal, que se sentía salvado, pues aunque
marcase el Rayo el descendido hubiese sido el Granada. Pero no fue así, Falcao,
ese tipo capaz de rematar una tostadora si se la tiras cerca de donde se
encuentre, avistó un balón y saltó como
un coloso por encima de los centrales para picar junto al palo de Diego López,
que no pudo hacer otra cosa que observar cómo entraba.
La ansiedad se apoderó
entonces de la grada, la tragedia se cernía sobre el Madrigal, un gol del Rayo
les enviaba a Segunda sin remedio. Fue entonces cuando les entró las prisas,
quedaban 5 minutos para el final, el gol del Sporting no llegaba (ni tenía
visos), pero el del Rayo sí, a dos minutos para acabar la liga se consumó el
milagro vallecano y la condena amarilla. Marco Rubén tuvo la salvación en un
cabezazo que se marchó por muy poquito. El partido terminó y el Villareal
bajaba a Segunda, Roig y su hijo ya se habían marchado del palco groguis,
pensando en el trastorno que supone a un equipo de 80 millones de presupuesto
descender de categoría.
El Atlético no había
conseguido entrar en Champions, premio injusto a tenor de los méritos
cosechados durante la temporada que, con Manzano de por medio, llegó a peligrar
la categoría (19 puntos en el parón invernal, 15 tenía el hoy descendido
Villareal), nos abochornó en Copa frente al Albacete, y sólo en Europa mostró
otra cara a partir de la cuarta jornada. Vamos, la radiografía de un equipo de
prestado por obra y gracia de MAGil, un equipo cuyo portero y cerebro están de
prestado, cuyo delantero centro está de paso y del que todo el mundo es
susceptible de ser vendido si se llega con cuatro duros y comisión. Un fracaso
de planificación que ni la consecución de la UEFA debería tapar si finalmente
se “escapan” los cedidos y se vende a los buenos. El mismo rollo de siempre.
 |
Foto: Cortesía de Ignacio |