Tengo que reconocerlo, esta crónica cambia el color que no la forma con el gol de Antonio López en el último suspiro. Los tres puntos sirven para capear el temporal, pero lo que se vio sobre el terreno de juego pinta mal. El título iba a ser “Oda a la impotencia” y de verdad que así fue, tanto en el campo como en la grada (seguro que más de uno hubiese zarandeado a lo Luis Aragonés a algún rojiblanco).
En esta pseudo-realidad que envuelve al equipo todo era extrañísimo, por primera vez esta temporada (y creo que desde su llegada), Maxi quedaba fuera de la convocatoria por decisión técnica, Pablo correría la misma suerte. El Kun seguía lesionado alimentando rumores sobre una posible salida en este mercado invernal. Por el contrario veíamos a un canterano, Ibrahim, en punta, a otro en el banquillo (Cedric), a un inédito Cabrera cubriendo la baja de Pablo, a la mascota Pernía…
En la primera parte fue todo tan intrascendente que no recuerdo grandes ocasiones para uno o para otro, un par de veces el tembleque se apoderaba de nuestros cuerpos al ver a Negredo en el área junto al par de zopencos de Valera y Perea, en una de ellas recuerdo ver el balón casi flotar mientras todos miran, ¡ay madre! No obstante luego era falsa alarma.
Hasta que llegó el minuto 43, un corner botado desde la parte izquierda del ataque sevillista llegaba al segundo palo, donde Renato ¡sin saltar! remata ante la asfixiante presión de un Valera impresionante. El balón coge una parábola y se cuela dentro. También ayudó un Asenjo candidato al premio ‘portero de escayola’ del mes de Enero, pudo hacer algo… como por ejemplo levantar las manos.
Ahí murió la primera parte, un período que nos dejó a un voluntarioso Ibra esforzado en darla al primer toque para descargar el juego, destacó entre el montón de estiércol. Reyes bastante bien, sin quemarle el balón en los pies y pidiéndola constantemente, cada partido me gana un poco.
En ese punto creí que el partido había cogido un cariz que nada beneficiaba nuestros intereses, me costaba imaginarme una reacción que nos llevase a empatar el partido. Ni te digo remontarlo. Estaba equivocado.
El Sevilla decidió salir a lo Atlético, y el propio local se esforzó por ponerle un poco de coraje al asunto, puedes morir pero coño, al menos pelea hasta dejar la última gota de sangre sobre el campo. Con profundidad desde las bandas y un Ibra, que como dije antes hacía de pivote abriendo el juego, consiguieron arrinconar a los andaluces hasta el punto que en un balón al desmarque de Forlán, que controla horriblemente, pero mete la puntera en el último suspiro para rechazar Palop el balón hacia la frontal, donde impacta en un Dragutinovic que llegaba a la jugada con tal fortuna que el balón acaba en el fondo de la mallas. ¿Podría haber sido de otra forma? Ya les aseguro yo que no.
Para muestra un botón, Simao roba una pelota que merodeaba por tres cuartos de cancha, se “hace la picha un lío” perdiéndola en última instancia, no obstante, como los tres cenutrios zagueros sevillistas habían visto al “uru” desmarcado, le pasan el balón. “Gol” dirá el lector que haya pasado del partido como de ver toda la filmografía de Enrique Cerezo, pues se equivoca nuestro querido y nunca bien ponderado lector. El rubio, ni la sombra del año pasado, controló el balón para colocarlo fuera. En este tipo de ocasiones hay dos formas de actuar, la primera es meter gol y la segunda consiste en que el portero haga una soberbia parada, NUNCA vale la tercera que es tirarla a Parla.
Continuemos, en esos momentos el Atlético parecía que se haría con el mando en el marcador tarde o temprano. Jiménez debió ver falta de mordiente y actuó con rapidez colocando a Adriano, a partir de ahora el “sucio comediante”, en el lateral por Squilaci (central). A todo esto nosotros seguíamos controlando el partido hasta que en uno de esos ataques de entrenador tan gratuitos como dañinos, a Quique se le enciende la bombilla decidiendo retirar del campo a Reyes -el mejor del partido hasta entonces, yendo al medio a sacar la jugada cuando el mendrugo de Tajonar y Assunçao veían las jugadas codificadas- por un Jurado que unos días funciona y otros le estrellarías toda la vajilla en la cabeza.
Unos dirán que el cambio fue bueno por el resultado final, para mí pésimo. Una muestra fueron los pitos a Quique interrumpidos por una sonora ovación al utrerano. En Telemadrid Schuster veía bien el cambio porque el gaditano ocupa la ¿¡misma demarcación!? con la diferencia de partir fresco, realmente se colocó en banda, un sitio que para nada saca lo mejor de él.
Pero en los siguientes minutos el partido giró radicalmente, Jiménez apostó por Koné (delantero) por Romaric quemando todas sus naves, apuesta que dejó en pelotas un impresentable Duscher que en 5 minutos vio 2 amarillas, la segunda pudiera ser de roja directa al entrar con los tacos por delante a Valera. En ese momento no tuvo otra opción que recular sacando del terreno a Negredo e introduciendo al único mediocentro de su banquillo, Lolo. La consigna: perder todo el tiempo del mundo para mantener el empate y, si se puede, marcar en una jugada de estrategia.
Sus jugadores entendieron el guión a la perfección, el sucio comediante fingió que le habían partido la rodilla para perder todo el tiempo posible, al ver llegar a los camilleros se puso de pie para seguir en el campo. Undiano a la banda… salió corriendo y pidió rápidamente ingresar en el terreno de juego. Desde aquí hago un llamamiento a los árbitros, este tipo de jugadas tan escandalosas directamente castigarlas con la expulsión, ¿de qué sirve abogar por un ‘fair play’ si luego permitimos este tipo de comportamientos? Hago otro llamamiento a los rivales del Sevilla, al sucio comediante darle codazos en la boca del estómago, de paso a la que se encoja hacia delante rematarle a la altura de las vértebras dorsales. Si se queja, que lo haga por algo.
Seguimos, Quique seguía enfrascado en cómo conseguir voltear el marcador, de ahí que decidiese aumentar la velocidad del centro del campo sacando al hiperactivo Cleber Santana, todo nervio. El sacrificado es lo de menos, aunque fue el brillante centrocampista navarro. Recuerdo antes de los últimos minutos una entrada de Jurado por banda que remata sin fuerza en un cómico intento por marcar, este chico no sé dónde se dejó la potencia.
Al fin llegamos a los minutos de la risa, del temblor de piernas, al del drama de cuarta protagonizado por actores de quinta. Pensé que nos ganarían, al borde del área ayudaron a sembrar el pánico. Asenjo estuvo bien en esas ocasiones, todo hay que decirlo. Y el fútbol a veces tiene estas cosas, con el Calderón apremiando a los suyos para que se lanzaran al ataque al quedar 1 minuto llegó un balón a Jurado que fue empujado en la esquina del área, el partido moriría sí o sí allí. Simao, con cara de concentración botó la falta con precisión al primer palo donde sin oposición Antoñito cabecearía a la red, bendita red. Al fin algo salió bien.