Oporto, ¿última parada?

Cuando terminó el partido de ida hubiera apostado a que sí, sería la última parada en este periplo europeo, un equipo con un par de detalles nos había metido un meneo importante en nuestra propia casa, nos había dejado con las vergüenzas al aire y sólo la divina providencia intercedió para liberarnos de un castigo mayor.

Esos detalles fueron una media aseada con un tipo correcto como Meirelles, un armador como Lucho y la velocidad de la pareja Lisandro-Hulk. Vamos, que no eran unos eruditos en el arte del balompié, sólo que se juntaron enfrente con algo parecido a una pandilla de amigos que quedan los domingos para jugar una pachanguita en cualquier polideportivo de la geografía española. Quizá peor, porque en esas pachangas el equipo que se siente burreado tiene el suficiente amor propio como para luchar cada balón, dejar el alma, pegar si es necesario… los nuestros ni eso, encima ante más de 50.000 fieles ansiosos de reverdecer viejos laureles.


Caprichos del destino, éste quiso enfrentarnos a renglón seguido ante los dos equipos más poderosos de la liga española. La clasificación liguera la empezábamos a ver jodida, se palpaba en el ambiente que los próximos exámenes serían vitales, como a aquel estudiante de primaria que siente “si suspendo todo, no podré presentarme ni en septiembre, repetiré sin más”… algo así, se necesitaban un par de aprobados que recobraran la moral de las tropas, así fue.

Los colchoneros vencieron al Barcelona en un duelo épico, “al mejor de 9 goles” que se decidió en el último hálito del partido, un magnífico Kun terminó de apuntillar al gigante blaugrana. En el partido del Bernabeu no se consiguieron los tres puntos, pero sí se ganó confianza y fe, aspectos intangibles, lo sé… pero cotizadísimos en el fútbol. Un equipo que se cree capaz siempre será más peligroso que un equipo derrotado, se llame Atlético, Manchester United o Moscardó.

El Villareal consiguió remontar una eliminatoria que tenía cuesta arriba en el infierno griego, le costó pero pudo, por una superioridad técnica y sobre todo por creer en sus posibilidades. El otro equipo español, el Real Madrid fue arrasado literalmente por un Liverpool superior en todas las facetas del juego, sin hablar de árbitros, nunca dio la sensación de pasar apuros en la eliminatoria, un claro ejemplo de cómo manejar los partidos, porque tienen una confianza inquebrantable en su técnico, Rafa Benítez, del que deberían aprender muchos técnicos con “pedigree” que lo más que saben es alinear.

Nosotros así llegamos a Oporto, con la resaca liguera en la cabeza, en 15 días hemos girado las manecillas 180º, ya nos vemos más altos, más guapos, capaces de plantar cara a los portugueses y ganarles. Nadie dice que será fácil, pero allí estaremos para intentar voltear no sólo nuestro ánimo, sino también la eliminatoria. Tampoco hablamos de una hazaña, no hay que golear, simplemente GANAR. Yo, creo en este equipo… ¿y vosotros? Aunque espero no tener en la cabeza la misma sensación que el domingo, tan cerca ¡y tan lejos!... “i’m knock-knockning on heaven’s door”.

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2 comentarios:

FERNANDO SANCHEZ POSTIGO dijo...

Debemos ser valientes y jugar como ante Madrid y Barcelona. Fuera complejos y miedos. Vamos a jugar, competir y tratar de ganar. A por todas. soy optimista. Un abrazo.

josé sellés dijo...

hola, ya verás como no será la última parada. Mucha suerte.
¿Qué opinas del partido del Real Madrid?
Contéstame por favor en mi blog ,
futbol-chicks.blogspot.com
GRACIAS

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